Lo bueno de lo malo

Por Cristina Gallego Muñoz          Alumna de Bachillerato


Nuestro día a día es una rutina que tenemos totalmente programada y memorizada, seguimos un patrón que nos imponen e imponemos por deberes que debemos cumplir ya sea estudiar, trabajar, cuidar a alguien… Nada nos puede avisar de algún imprevisto, nada nos puede decir qué sucederá en el futuro y por ello de esta pandemia no hemos podido tener conciencia antes, a pesar de ello y algunas complicaciones que afrontamos ahora hemos sabido cómo actuar.
Esto último dice mucho de nosotros, el saber cooperar con miles de personas que conviven en nuestro país, todos aquellos profesionales que están al frente de esta guerra sanitaria luchando para que esto pare lo antes posible. No sólo para hacer algo hay que ser un médico también siendo ciudadanos debemos cumplir el deber de permanecer en casa. Ese lugar para algunos ideal en el que estar y para otros una cárcel permanente hasta el momento.
Estar en casa es un deber pero no por ello es un castigo, tienes la oportunidad de relacionarte con tus seres más cercanos, de vivir momentos únicos sin la presión de una rutina, de un “tengo que estudiar”, “tengo que hacer cosas”, exploraremos nuevos modos de querernos, a distancia, y sacará lo mejor de nosotros, nos preocuparemos por los demás, eso que tanto nos cuesta cuando estamos ocupados, aprenderemos de esta mala experiencia, por que sí todo lo malo tiene algo bueno. Aprender de esto es algo imprescindible. Saber que podemos afrontarlo juntos nos dará  fuerza. Pero si eliges hacer tu propio camino solo y tomarte esto como una broma, adelante, pero recuerda que el día que necesites ayuda quizás ellos no querrán dártela. Es un problema que nos incumbe a todos, no tienes que ser más que nadie.
Mientras tanto, nosotros seguimos escuchando las mismas malas noticias, deseando que todo esto acabe ya, poder salir de nuevo, abrazar a esas personas especiales, que los enfermos se recuperen y que los profesionales tengan su merecido descanso. Pero todo esto ahora no son nada más que ilusiones en el futuro incierto que separa al mundo. Las mentes inquietas soñarán con ese día.
¿ Quién nos podría decir que en 2020 nos esperaba esta lucha? ¿ Quién te puede asegurar que no vas a cogerlo? ¿Quién te dirá que hoy es tu último día? Nadie puede saberlo con certeza en este mundo. Por ello es importante disfrutar cada día, cada minuto, cada segundo de nuestra vida, por difícil que sea. Esa es la magia de la vida, cuando sepas que será tu último día, mirar hacia atrás y sentirte orgulloso de lo que hiciste, de lo que viviste.
Ahora es tiempo de reflexionar sobre que podemos hacer, pero no dentro de meses sino en este mismo instante, enriquecer cada uno de nuestros segundos con vida ya sea solo o acompañado. Vive por aquellos que ya no pueden, lucha cada día por ti por todos aquellos que no pueden o tal vez aquellas que sí son presas de las paredes de sus casas, aquellas que gritan en silencio auxilio, sin olvidarte de no perder oportunidad de ayudar, por aquellas personas en un hospital,  tan sólo vive.


Aún encerrados podemos cambiar el mundo, nuestra voluntad no tiene fronteras y eso es algo que nadie podrá cambiar. Todo depende de ti. ¿Y tú? ¿Querrás ayudar o prefieres ser egoísta? 


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